Bandas armadas y ciudadanos hambrientos han tomado las calles en Haití, protagonizando una poblada de alta magnitud. La situación es tan grave que varias embajadas y sus consulados, así como todos los bancos, numerosos comercios y estaciones de combustibles, han paralizado sus actividades.

Hay saqueos, bloqueos de calles y carreteras, enfrentamientos a tiros y otros episodios de violencia en medio de la escasez de productos y parálisis de los servicios, lo cual ha sumido a ese país en un caos generalizado.

La República Dominicana tuvo que cerrar su embajada y consulados y retornar al país al personal de esas misiones, al tiempo de enviar fuerzas especiales a custodiarlas. De igual modo, otras naciones han cerrado embajadas y la asociación de bancos comerciales califica la situación de grave riesgo para sus operaciones.

El presidente Luis Abinader, hablando ante el consejo permanente de la Organización de Estados Americanos ayer en la tarde, hizo por enésima vez un llamamiento a la comunidad internacional para acudir en auxilio de Haití.

El mandatario dominicano ha dicho que lo que allí prevalece es una guerra civil de baja intensidad que, con todo, amenaza nuestra seguridad nacional.

Dijo que en tal virtud, el país tiene el legítimo derecho de disponer un despliegue masivo de tropas en la frontera, restringir la migración ilegal y organizar una evacuación masiva de los dominicanos que viven en Haití.

Agregó que esas medidas por sí mismas no serían suficientes si, producto de una continuación de las pobladas, se produjera una inmanejable avalancha de haitianos buscando refugio aquí.

No queda más alternativa al gobierno dominicano que ordenar planes de contingencia para evitar, como dijo el presidente en la OEA, que las pobladas haitianas se extiendan a nuestro país.

Esto, en vista de que por el momento no hay allí un sector capaz de catalizar una solución de paz y restitución del orden institucional, lo que francamente se impone es una intervención de fuerzas de paz de la OEA o las Naciones Unidas.