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DMYTRIVKA, Ucrania (AP) — Una de las últimas granjas lecheras que siguen funcionando en el territorio controlado por Ucrania en la región oriental de Donbás está haciendo todo lo posible para mantenerse a flote en un lugar donde ni los trabajadores ni los animales están a salvo de la devastadora invasión rusa.

Solamente quedan alrededor de 200 cabezas de ganado de las casi 1.300 que se había en la granja antes de que las tropas rusas iniciaran su guerra contra Ucrania el 24 de febrero. La granja de 3.200 hectáreas (8.000 acres), en medio de colinas en la asediada provincia oriental de Donetsk, produce dos toneladas de leche. al día en comparación con las 11 toneladas diarias antes de la guerra, dicen sus encargados.

Si bien una proporción significativa de los ingresos de la granja KramAgroSvit también provino alguna vez del cultivo de trigo, continuar con ese trabajo conlleva riesgos. Mientras un empleado agrícola recolectaba trigo con una cosechadora de granos el domingo, la máquina activó dos minas terrestres, lo que provocó un incendio que quemó más del 60% del cuerpo del trabajador.

El trabajador sobrevivió, pero se encuentra en estado crítico mientras los médicos le atienden una infección.

Una inspección realizada por un equipo de servicios de emergencia encontró 19 minas adicionales en el campo, reveló Ihor Kriuchenko, un técnico ganadero de la granja. Salir a cosechar ahora es “muy peligroso debido a los cañoneos y las minas”, agregó.

Tales realidades de la guerra han creado una serie de complicaciones en serie que al sumarse hicieron que el negocio se derrumbara drásticamente. En la cercana ciudad de Kramatorsk, la capital provisional de la provincia de Donetsk, los ataques de Rusia y la falta de gas para calefacción y cocina han provocado la evacuación de la mayoría de los residentes, creando una menor demanda de productos lácteos y, en consecuencia, una caída de las ganancias.

Los negocios también se vieron afectados cuando las fuerzas rusas capturaron varias otras ciudades donde la granja había distribuido su leche y esos mercados desaparecieron detrás de la línea del frente.

Tales condiciones —cadenas de demanda y suministro interrumpidas, junto con el peligro de los cañoneos y las minas—han hecho que la perspectiva de la agricultura en el este de Ucrania esté plagada de riesgos que amenazan el futuro de la granja KramAgroSvit, que ha estado en el negocio desde 2003.

“Esta granja fue alcanzada (por un cohete), y 38 vacas murieron, además de que algunos de nuestros equipos agrícolas y vehículos fueron destruidos. Los inversionistas decidieron que era demasiado arriesgado mantener tantas vacas aquí, por lo que las vendieron en el extranjero”, lamentó Kriuchenko.

Cuando Halyna Borysenko, otra trabajadora de la granja, terminó de ordeñar las vacas del día, dijo que las compadecía por tener que vivir también la guerra.

“Los animales están actuando de manera diferente. Están tan asustados como nosotros”, aseguró. “Simplemente, no pueden decirlo en voz alta”.