Por Claudia Fernández /

La necesidad de retomar espacios para llevar a cabo campañas políticas que realmente impacten a los electores lleva de la mano un conflicto. ¿Realidad virtual o realidad pura y simple?, la situación se torna difícil en momentos en que la gente se empodera de los espacios para externar sus inconformidades, y en medio siempre, la corrupción, que no conoce de virtualidades ni realidades, simplemente para corromper, enriquecer y envilecer a quienes la practican.

El discurso político debe cambiar de escenario y posicionarse de las redes sociales, esa es una verdad de a puño esgrimida por todos los disertantes en el XV Congreso Iberoamericano de Comunicación Política, pero también debe humanizarse, empoderarse y llegar a la gente. Eso coloca a los políticos en una seria disyuntiva.

Campañas hechas al calor de la virtualidad o de una realidad que estremece al mundo en momentos en que se trata de emerger de una pandemia que puso a todos al borde de la histeria, en medio de un conflicto internacional de proporciones ignoradas a futuro. Pero también en medio de una guerra ideológica, tecnológica y económica entre dos potencias, Estados Unidos y China.

Epidemias por doquier, la viruela del mono, hepatitis infantil de origen desconocido, sarampión, poliomielitis y otras que a pesar de haber sido controladas han resurgido para enfrentar sistemas de salud, que, aunque muchos no lo crean, afecta sensiblemente la política actual. Escasez, hambruna, un cambio climático que tiene al mundo de cabeza y para empeorar las cosas, la deshumanización política por culpa de la corrupción.

Entonces, a qué nos referimos cuando decimos que la virtualidad contra la realidad coloca en un serio dilema a la política, políticos y su forma habitual de llevar a cabo sus discursos. A que ante todas las situaciones antes expuestas y las que faltan por venir, es preciso que cambien las estrategias, pero no solo por cambiar, debe ser un asunto de conciencia, que real y efectivamente impacte a un electorado cada vez más crítico y con mayores posibilidades de participación.

Integrar a la gente a través de las redes sociales, capturar a una masa emergente, que piensa en función de una realidad virtual que muchas veces confunde, los jóvenes viven inmersos en su propio mundo. Llegar a espacios en donde todavía no llega la virtualidad. Esa es la ingente tarea que deben llevar a cabo los políticos de nuevo cuño y los de no tan nuevo, que mantienen el mismo discurso de hace décadas.

La modernidad ha llegado y se ha entronizado. No hay vuelta atrás. Pero también ha llegado la hora de ser más humanos y humanitarios utilizando estas herramientas que se convierten cada día en más imprescindibles, ya lo decía una disertante, Luciana Becassino, de Argentina, “se necesita una conexión emocional con los electores que se traduzca en votos, no es abandonar el encuentro cara a cara, sino incorporar a este el discurso a través de las redes sociales, pero humanizándolo”, un tanto difícil, especialmente en América Latina.

Necesariamente habrá de ser una simbiosis extraña, como decimos los dominicanos, “de arroz con mango”, ya que es una tarea harto difícil, pero muy necesaria. El momento del cambio de mentalidad política deberá enfrentar a los políticos y sus campañas, eso es otra verdad esgrimida en la actividad.

Candidatos y políticos más humanos, que realmente piensen en la gente y lleguen a ella a través de un discurso virtual pero creíble, ¿hacia donde se dirige la clase política actual? Muy posiblemente a un enfrentamiento con sus realidades, frente a una virtualidad cada día más a la vuelta de la esquina. El mundo está cambiando y, por tanto, los políticos deben adecuarse a la modernidad, les guste o no.