ADPRESS / Por Claudia Fernández /

En los últimos días, la prensa nacional se ha hecho eco de un caso escandaloso por demás, que involucra el comercio ilícito de menores y las complicidades existentes en este aberrante negocio.

SANTO DOMINGO, 29 de abril, 2022 (ADPRESS).- La involución social que vive República Dominicana desde hace aproximadamente una década, ha ido en ascenso, todo por imitar conductas repulsivas importadas, sin importar a quién o quiénes afecta, y en este caso, la situación se torna peor por tratarse, nada más y nada menos que de menores de edad que son subastadas y vendidas al mejor postor.

La situación no es nueva, lo nuevo es que existen variantes preocupantes, que llevan a pensar y preguntar hasta qué grado de degradación hemos llegado.

Prostitución, en cualquiera de sus formas y maneras, es un ejercicio denigrante para quienes la ejercen, hombres y mujeres, pero cuando se trata de menores (niños y niñas) que no pueden comprender la situación, todo se torna peor.

Ahora resulta que existen redes mafiosas para comercializar al mejor postor, estos seres indefensos, muchas veces con la anuencia de los padres, cuya situación económica es bastante precaria. Pero eso no justifica la negociación, al contrario, la hace más aberrante, degradante y perniciosa en una sociedad, que ya no soporta más innovaciones culturales que llevan al país como el cangrejo, dos pasos adelante y tres o cuatro hacia atrás.

Una de las causales de esta involución social que estamos viviendo, inicia con la aparición del género “rap”, en el que exdelincuentes, delincuentes confesos y seguidores, adoptaron una forma de vida distinta a la conocida. Estamos en la década 80-90, cuando surgen desde las cárceles norteamericanas personajes funestos para esa sociedad, y que fue importado al país por deportados dominicanos desde la gran nación del Norte.

Las letras de este género, no nos atrevemos a decir música, jamás, hacían un elogio inusual a la violencia, el uso de drogas y sustancias ilícitas y a movimientos corporales sugerentes hacia el sexo a temprana edad. Jovencitas, adolescentes, eran grabadas en videos sugerentes y algo más, rodeando a un grupo de antisociales, que proclamaban con orgullo sus orígenes delincuenciales. Es el inicio de una etapa funesta para la sociedad norteamericana y por ósmosis, la nuestra. ¿Por qué no copiamos lo bueno y descartamos lo inservible? Cosas del dominicano.

Así las cosas, en los años 90’, llega un nuevo género, el reggaetón, nacido en los guetos minoritarios de la ciudad de Nueva York, la que nunca duerme, y trasplantado a Puerto Rico, que lo adopta como propio. Rivalidades entre los ¿compositores, músicos, agentes publicitarios? El género penetra en América Latina entera, salvo raras excepciones, y el consumo de drogas y sustancias controladas, se descontrola.

El siglo XXI, marca de manera indeleble, el derrumbe de los valores sociales. Surge la llamada música urbana, que ni es música, ni género ni nada, un montón de indecencias y llamados a la promiscuidad, todo con un lenguaje vulgar por no decir indecente, ha calado profundamente en el sector más vulnerable, la niñez y adolescencia dominicanas, sin que nadie, hasta el momento, se haya preocupado por enfrentar la nueva situación.

Al contrario, muchos de estos exponentes, se involucran en campañas políticas y resultan hasta premiados con cargos gubernamentales, lo que acrecienta el nivel de vergüenza pública.

Redes de tráfico sexual de menores

Los denominados “cantantes urbanos”, que han hecho implosión y explosión en nuestra sociedad, llevándola a niveles subliminales de aberración, es opinión particular, tal como lo hiciera el rap en su momento en Estados Unidos, ha puesto a la sociedad dominicana en jaque.

Letras indecentes, sin ritmo alguno, motivación al sexo a temprana edad, sin importar preferencias, repetición de obscenidades, llamados explícitos al sexo a temprana edad, a la lujuria, al desenfreno, ese es el factor común de estos nuevos exponentes e “influencers” sociales de la juventud que surge.

Se crean redes de comercio ilícito de menores en circunstancias especialmente difíciles en el ámbito económico, para sumar a una legión de seguidores, que, por el simple hecho de imitar, se agregan a este nuevo ámbito social en el que se comercia con menores tanto en el ámbito empresarial, turístico y ahora lo nuevo, el urbano. ¿Quién podrá defender a esta niñez desprotegida?