ESPACIOS DE PODER DEL PUEBLO DOMINICANO EN ARMAS /

POR JUAN DE LA CRUZ /

Las revoluciones son en sí mismas traumáticas para los pueblos en que éstas se desarrollan, máxime si sus objetivos no están claramente definidos en función de los intereses de la gran mayoría de la población. Pero cuando una revolución se produce por la vuelta del orden constitucional perdido y por el retorno al poder de un presidente democrático y civilista, surgido de la voluntad libérrima del 60% de los electores de un país, existen sobradas razones para la ocurrencia de una acción bélica de esa naturaleza.

Eso sucedió con el gobierno encabezado por el profesor Juan Bosch, quien salió electo abrumadoramente en las elecciones del 20 de diciembre de 1962, pero tras haber tomado múltiples medidas en favor del pueblo dominicano entre el 27 de febrero y el 25 de septiembre de 1965, los sectores oligárquicos de la República Dominicana en coordinación con el imperialismo norteamericano lo derrocaron mediante un golpe de Estado.
El pueblo dominicano mantuvo una lucha constante por el restablecimiento de la constitucionalidad sin elecciones y el retorno a la presidencia de la República del profesor Juan Bosch, realizando huelgas, movilizaciones pacíficas, concentraciones masivas, insurrecciones armadas y otras formas de lucha entre el 25 de septiembre de 1963 y el 24 de abril de 1965, momento en que estalló la Revolución de Abril de 1965.

El orden democrático por el que se luchó en abril de 1965 era esencialmente capitalista, republicano y representativo, tal como se consignaba en la Constitución de 1963, pero con la participación de los diferentes sectores de la sociedad dominicana, incluyendo a los grupos revolucionarios de izquierda.

Es importante destacar que las prácticas derivadas de ese importante ensayo democrático fueron enteramente participativas, ya que el pueblo dominicano se convirtió en el gran artífice de los diferentes espacios de poder que se construyeron en ese momento histórico relevante de la República Dominicana.

Los espacios de poder popular más importantes que se constituyeron en el curso de la Guerra de Abril de 1965 fueron los Comandos Constitucionalistas, integrados por civiles y militares. Los comandos surgieron al calor de los combates callejeros contra las tropas entreguistas del Centro de Enseñanza de las Fuerzas Armadas (CEFA) dirigidas por el general Elías Wessin y Wessin y contra la segunda grosera intervención militar norteamericana al territorio dominicano, los cuales fueron conducidos por el recio liderato democrático del presidente constitucional de la República Dominicana, coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó.

Los comandos constitucionalistas se formaron con el claro propósito de suplir las necesidades más apremiantes que tenían las personas involucradas en la Guerra de abril de 1965. Los comandos se constituyeron a partir del 25 de abril, cuando se juntaron los defensores de la libertad y la democracia para luchar por el retorno a la constitucionalidad sin elecciones, principal objetivo perseguido por los revolucionarios.

Los combatientes, especialmente luego de la exitosa batalla del puente Duarte el 27 de abril y la toma de la fortaleza Ozama el 28 de abril de 1965, obtuvieron armas de distintos calibres y se juntaron por barrios, partidos políticos y pueblo de origen, los cuales formaron tantos comandos como les fue posible. Puede ser que los comandos tomaran ese nombre luego de la publicación del comunicado del Comando Constitucionalista con el cual el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó anunció la victoria alcanzada en la batalla del puente Duarte el día 27 de abril.

La relación de comandos registrados por la Presidencia de la República que encabezaba el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, a los cuales se le otorgó una ayuda económica para su subsistencia con los recursos que se obtenían en las aduanas del puerto de Santo Domingo, alcanzó la cifra de unos 48. No obstante, se formaron tantos comandos como fueron necesarios para dar solución a las necesidades de armas, municiones, entrenamiento, abastecimiento de comida, agua, salud, educación, arte, recreación sana y otros servicios básicos perentorios en los sectores en que surgieron.

Los 48 comandos recogidos por el Subsecretario de la Presidencia del gobierno de Caamaño, Bonaparte Gautreaux Piñeyro, en su libro “Los Comandos (Abril de 1965)”, son los siguientes:

1. Comando de la Presidencia Calle El Conde
2. Comando Batallón Blindado, Nouel
3. Comando Capri, Arzobispo Nouel
4. Comando de los Zapadores “Aníbal de Peña”
5. Comando Duarte
6. Comando Calle Pina No. 25
7. Comando “Elías Bisonó Mera”, Leonor de Ovando No. 10
8. Comando “Independencia”, El Conde esquina Santomé
9. Comando “José Horacio Rodríguez”, Dr. Delgado esquina Santiago
10. Comando “La Cucaracha”, El Número
11. Comando No. 2 San Juan, Nouel esquina Palo Hincado
12. Comando “Palacio de Justicia”
13. Comando “Puerto Plata”, Nouel esquina Espaillat
14. Comando “Coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez”
15. Comando “San Carlos”
16. Comando “San Cristóbal”, Enrique Henríquez
17. Comando “Tomás Fernández Domínguez”, Conde esquina Hostos
18. Comando “Manuel Aurelio Tavárez Justo”
19. Comando “Tavárez Justo, El de los haitianos”, Centro Sirio-Libanés
20. Comando Constitucionalista “La Vega”
21. Comando “A” Espaillat, de la Zona No. 2
22. Comando “Julio Lluberes Hijo”, Calle Duarte No. 6
23. Comando Constitucionalista “As Negro”
24. Comando “Libertad”, calle Isabel La Católica esquina Padre Billini
25. Comando “Veterano No. 2”
26. Comando Constitucionalista “El Conde”
27. Comando “Duarte No. 1”
28. Comando “Duarte No. 2”
29. Comando “Pasito Polanco”
30. Comando “General Bordas Valdez”, Calle Hostos No. 5
31. Comando Central “Ciudad Nueva”
32. Comando Constitucionalista “Barahona”
33. Comando “POASI”
34. Comando “San Antón”
35. Comando “Juan Pablo Duarte”
36. Comando “El Lobo”, en San Carlos
37. Comando “Beller”, Mercedes No. 41 (Altos)
38. Comando Constitucionalista “ABC”, Calle Mercedes No. 100
39. Comando Zonal No. 4
40. Comando Móvil No. 2
41. Comando “Illio Capozzi”
42. Comando “H”, Calle José Reyes No. 39
43. Comando “A” de la Zona 1 Constitucionalista (Palacio de Justicia de Ciudad Nueva)
44. Comando Constitucionalista “Juan Miguel Román”
45. Comando “Ibarra Ríos No. 2”
46. Comando Constitucionalista Cucaracha “20”
47. Comando Constitucionalista “Constitución” No. 1
48. Comando “A” Espaillat de la Zona No. 2

Los comandos constitucionalistas conjugaron en su práctica cotidiana aspectos tan disímiles e interesantes como la comunicación de masas, la creatividad artístico-literaria, la difusión de ideas políticas revolucionarias al interior de la población, la satisfacción de necesidades básicas del pueblo, el reconocimiento de espacios para el amor de pareja, la impartición de justicia con apego a la ética y la equidad, la preparación política y militar de los combatientes por la democracia y la libertad en el terreno de los hechos, así como la organización y realización de acciones bélicas por el control de espacios de poder local y central.

Las mujeres jugaron un rol de primer orden en la cotidianidad de los comandos constitucionalistas, en la lucha por la constitucionalidad democrática de la República Dominicana, en la acción decidida contra la segunda intervención militar norteamericana y en la lucha por la reafirmación de la soberanía nacional, a través de su participación como enfermeras, mensajeras, artistas, escritoras y como entrenadoras en la Academia Militar “24 de Abril”.

Entre las mujeres que se destacaron por su arrojo y valentía en el curso de la Guerra de Abril de 1965 y que tuvieron roles trascendentes en las diferentes esferas de la revolución popular, se destacaron: Aniana Vargas, Carmen Josefina Lora (Piky), Emma Tavárez Justo, Cándida Oviedo, Grey Coiscou, Hilda Gautreaux, Clara Tejera, Elvira Regús, Altagracia del Orbe, Yolanda Guzmán, Ivelisse Acevedo, Elsa Núñez, Ada Balcácer, Soucy de Pellerano, Gisela Risk.

Asimismo, Bernarda Jorge, Brunilda Soñé, Belén Vargas, Brunilda Amaral, Carmen Mazara, Carmen Pujols, Consuelo Despradel, Cristina Díaz, Delta Soto, Edith Altagracia Ramírez Ferreira, Elena Garrido, Elsa Justo, Fiume Gómez, Gladys Gutiérrez, Irma Encarnación de Cruz, Isabel Vargas, Josefina Paniagua, Lourdes Contreras, Magaly Pineda y Margarita Cordero.

De igual forma, María Elena Muñoz, Mariana de La Cruz, Marisela Vargas, Milagros Concepción, Mirna Santos, Petronila Argentina Santana, Ramona Rosario Vargas, Rosa Almánzar Vargas, Sagrada Bujosa, Somnia Vargas, Teresa Espaillat, Ana Silvia Reynoso, Cicelia Acevedo, Francia Concepción Martínez (Conchita), Leopoldina Restituyo, Mercedes Ramírez (La Rubia), Teresa Rojas y Tita Cruz, entre otras.

El historiador y testigo de excepción de la Guerra de Abril de 1965, Franklin Franco Pichardo, refiere en su obra República Dominicana: Clases, Crisis y Comando, lo que ocurrió luego de la exitosa batalla del 27 de abril en el Puente Duarte y del ametrallamiento de que fue objeto la población civil por parte de los aviones de San Isidro:

“Los recién organizados ‘comandos’ iniciaron el ataque sistemático a los cuarteles policiales. El espectáculo era hermoso: un comando de 5 ó 6 hombres armados era seguido por una masa delirante de cien o doscientas personas, esperando que alguien cayera para empuñar el arma. Al atardecer todos los cuarteles policiales de la capital estaban en manos del pueblo”.

En relación con la toma de la Fortaleza Ozama, el 28 de abril de 1965 por parte de los comandos constitucionalistas, Franco Pichardo nos dice:

“A la mañana siguiente -y desconociendo la verdadera situación- los comandos enfilaron hacia la fortaleza ‘Ozama’, bastión colonial utilizado tradicionalmente como cámara de tortura para presos políticos. Tras los comandos, una multitud de tres o cuatro mil personas parapetadas en zaguanes, cloacas, aceras, azoteas, esperaba su turno para tomar el arma si alguien caía. Cuando ya el combate llevaba varias horas, los oficiales del cuerpo represivo ‘cascos blancos’ intentaron la huida -y algunos lo lograron- saltando un muro de 10 pies de alto. Al mediodía los hasta ayer ‘furiosos y valientes’ cascos blancos, salían con las manos en alto en grupos de diez o quince, derrotados por las masas populares. El número de prisioneros ascendió a 700. El número de ‘comandos’ que participaron en el asalto no era mayor de 40”.

En cuanto a las características del gobierno que presidió el coronel Caamaño Deñó, es de justicia decir que supo integrar a los diferentes sectores sociales, económicos, políticos, militares, culturales e ideológicos del país en la gestión gubernamental, teniendo siempre como referente fundamental al pueblo dominicano y como norte político la recuperación de la constitucionalidad perdida el 25 de septiembre de 1963 y el retorno al poder del profesor Juan Bosch, quien había sido despojado de la Presidencia de la República por parte de los militares trujillistas y neotrujillistas que encabezaba Wessin y Wessin, en contubernio con la alta jerarquía eclesiástica, la oligarquía tradicional y el imperialismo norteamericano.

La concepción de Nación que tenía el presidente Caamaño Deñó se puso de manifiesto en el breve discurso de toma de posesión que pronunció ante el Altar de la Patria en la mañana del 4 de mayo de 1965, cuando dijo:

“En esta hora dramática que vive la República, estoy consciente de que no hay ser humano capaz de resolver por sí solo los ingentes problemas que gravitan sobre el lamentable estado socioeconómico de nuestra empobrecida República. Por tal motivo, invito a todos los dominicanos, campesinos, obreros, estudiantes, profesionales, comerciantes, industriales y todas las clases de la comunidad dominicana a que cerremos fila para probarle al mundo que no sólo hemos sabido luchar con las armas, sino que con honra y con dignidad reconstruiremos nuestra Patria. Es tan importante la labor para la reconstrucción de un país del más humilde de sus ciudadanos, como la del presidente de la República. Tenemos que estar conscientes que en un pueblo que ha atravesado por momentos tan cruciales como los acontecidos en estos últimos días, no puede haber odios ni venganzas y sólo la justicia podrá juzgar a los culpables, porque para reconstruir el país no puede haber revanchismo. Los gobernantes constitucionales son gobiernos de derecho y en defensa de esos derechos se ha levantado el pueblo dominicano”.

Una muestra de ese espíritu conciliador del presidente Caamaño Deñó lo es el decreto No. 17 del 7 de mayo de 1965, donde se anunciaba:

“Se confirman en sus cargos a todos los empleados de la administración pública, sin distinción de persona o credo político”.

En la alocución del 11 de mayo de 1965 el presidente Caamaño Deñó reiteró su juramento de luchar al lado del pueblo dominicano y conducir sin vacilaciones ni mediatizaciones:

“La batalla libertaria que libramos, hasta el éxito total, con el mismo sentido de responsabilidad histórica de que ha dado muestra el pueblo dominicano. Les digo a todos que no daré un paso atrás, pese a la fuerza colosal que nos amenaza, esa fuerza no nos atemoriza, sino que estimula nuestro sentir dominicanista y nuestra capacidad de lucha”.

En otro orden, es importante destacar que los principales combates que libró el sector constitucionalista contra las tropas de la Base Aérea de San Isidro contaron con la participación entusiasta de diferentes sectores de la población dominicana, lo que permitió propinarle derrotas contundentes a los sectores militares trujillistas y neotrujillistas envueltos en batallas como la del Puente Duarte y la toma de la Fortaleza Ozama, así como el derribo de los aviones dispuestos por esos sectores para el bombardeo de la población civil y el Palacio Nacional de la avenida Dr. Delgado con Moisés García, entre otras acciones trascendentes.

Así lo confirma el historiador Franco Pichardo, cuando sostiene:

“Miles de personas preguntaban a los militares detalles particulares del manejo de sus armas y hasta de cañones. El pueblo allí conglomerado, con su alta sensibilidad política, preveía ya lo inevitable de la lucha. Y de pronto, ante la posibilidad de la entrada a la ciudad de los tanques del Centro de Enseñanza de las Fuerzas Armadas (CEFA), las calles se llenaron de trozos de madera, troncos, piedras inmensas, hierros y otros obstáculos de gran tamaño con los que las masas creyeron poder detener el avance si se producía. Al mismo tiempo, miles iban hacia las bombas de gasolinas con decenas de botellas para la fabricación de bombas Molotov. Las primeras víctimas de esas bombas fueron el periódico `Prensa Libre`, órgano de la extrema derecha que dirigía Rafael Bonilla Aybar; el local del Partido Unión Cívica Nacional, representante de la oligarquía criolla, y a los locales de los partidos golpistas Vanguardia Revolucionaria Dominicana y Partido Liberal Evolucionista”.

Aunque las tropas invasoras norteamericanas, que mancillaron el territorio nacional el 28 de abril de 1965 con un contingente de 42 mil 400 marines, pretendieron controlar la situación en cuestión de horas, la magnitud de la resistencia de la población fue tal que al cabo de seis meses se vieron compelidos a negociar un acuerdo de paz con el sector constitucionalista que encabezaba el coronel Caamaño Deñó.

Refiriéndose con pesar a la odiosa intervención militar norteamericana, el presidente Caamaño Deñó expresó el 11 de mayo de 1965:

“Muchos son los factores que hemos tenido que enfrentar, pero ninguno tan doloroso como el ver en nuestra Patria tropas extranjeras que creíamos eran cosas del pasado. Y que nos hacen recordar los momentos que vivieron nuestros antepasados del 1916 al 1924… Pero el pueblo dominicano ha sabido corresponder a la cita de honor a conquistar sus derechos que les fueron arrebatados el desgraciado 25 de septiembre… Hoy tenemos un régimen de derecho, el Gobierno Constitucional de la República, que me honro en presidir: será un régimen de justicia, de oportunidad para todos. Nuestros únicos enemigos serán la corrupción, la miseria y la ignorancia”.

El 24 de mayo de 1965 el Gobierno Constitucionalista anunció, a través del presidente Caamaño Deñó, su disposición a aceptar el inicio de conversaciones que permitieran encontrar vías de entendimiento en los campos de la paz, el derecho y la justicia, ante el pedimento que al efecto hizo la Organización de los Estados Americanos (OEA) a través de la Fuerza Interamericana de Paz (FIP), organismo controlado por las tropas norteamericanas que se convirtió en juez y parte en el desarrollo y en la finalización del conflicto bélico. Las negociaciones desarrolladas entre funcionarios del gobierno de los Estados Unidos y representantes del Gobierno presidido por el coronel Caamaño Deñó, mediante las cuales se buscaba establecer un gobierno presidido por el hacendado y ex secretario de Agricultura del gobierno del profesor Juan Bosch, don Silvestre Antonio Guzmán Fernández, fracasaron estrepitosamente.

El primero de septiembre de 1965, el ex canciller del gobierno del profesor Juan Bosch, Dr. Héctor Rafael García Godoy, asumió la presidencia de la República y los principales líderes militares constitucionalistas fueron designados como agregados militares en diferentes embajadas dominicanas en el exterior, entre los que se destacaron Francisco Alberto Caamaño Deñó en Londres, Inglaterra, y el Vicealmirante de la Marina de Guerra, Manuel Ramón Montes Arache en Ottawa, Canadá.

El 3 de septiembre de 1965, en una multitudinaria manifestación en la Plaza de la Constitución, antigua Fortaleza Ozama, el coronel Caamaño Deñó se dirigió el pueblo dominicano, donde expuso de forma pormenorizada el proceso de negociación y los acuerdos a que se habían arribado, manifestó que en la contienda bélica de abril no hubo vencidos ni vencedores, al tiempo que expresó de forma lapidaria:

“Porque el pueblo medio el poder, al pueblo vengo a devolver lo que le pertenece. Ningún poder es legítimo si no es otorgado por el pueblo, cuya voluntad soberana es fuente de todo mandato público. El día 5 de mayo de 1965, el Congreso Nacional me honró eligiéndome presidente Constitucional de la República Dominicana. Solamente así podía aceptar tan alto cargo, porque siempre he creído que el derecho a gobernar no puede emanar de nadie más que no sea el pueblo mismo”.

Sin duda alguna, la Revolución de Abril de 1965 puso de manifiesto que el poder sólo es legítimo cuando emana del pueblo y éste participa activamente en los procesos de toma de decisiones y selección de sus gobernantes, la puesta en marcha de mecanismos efectivos de control, rendición de cuentas y revocación de los cargos, en caso de incumplimiento de la función para la que se eligió a alguien. Sólo de esa manera se puede lograr una patria justa y equitativa para todos, donde haya una mejor distribución de las riquezas del país, ejecutorias gubernamentales, legislativas y judiciales responsables orientadas hacia el bien común (tal como concibieron la política el filósofo griego Aristóteles y nuestro padre fundador Juan Pablo Duarte), así como un ejercicio ético, transparente y honesto del poder.