Por María Fals

El viernes 7 de septiembre de 2018 publiqué un artículo titulado “Cuchicheo con Dhimas Santos”. Ese año que significó un punto de giro en mi vida profesional. Marcó el momento en el que decidí salir de la zona de confort que significaba el entregarme casi únicamente a mi amado oficio de maestra, para caminar también por el sendero de la crítica de arte.

El origen de ese escrito estuvo relacionado con mi visita a la exposición “Hecho Aquí”, en su tercera edición, organizada en La Vega por destacadas figuras del arte y la cultura como Mariojosé Ángeles, Martín López y Raúl Morilla.

Asistí a ella motivada por la invitación de Mariojosé Ángeles, al que agradeceré siempre propiciarme aquel primer encuentro personal con Orlando Meniccucci, inolvidable con su bastón y su carisma, con José Ignacio Azar Billini y su obra sobre el tema del agua, con Patricia Gamundi, eterna en sus profundos azules, con nuestra querida Sole Fermín quien dejó en mi recuerdo para siempre el aroma de las orquídeas blancas, con Amado Melo y su alta figura, con Raúl Morilla cuyos blancos lienzos flotaban en el viejo parque sobre muebles de estilo.

Recuerdo que estreché emocionada la mano de Danilo de los Santos, ese gran artista e intelectual dominicano, que falleciera ese mismo año 2018; pero lo que más conservo en mi memoria de ese encuentro fue la frase de un caballero alto, quien sentado a mi lado en la guagua que nos llevaba a La Vega, me dijo: “¿Usted escribe?”.

Lo pensé unos segundos y le contesté: “Sé hacerlo”. Me miró a los ojos y me extendió su tarjeta en la que solo decía un nombre: Dhimas Santos.

Ese pedazo de cartón blanco fue la piedra angular de mi nuevo proyecto de vida. La percibo hoy como un llamado desde planos superiores, usando como instrumento a una persona altamente intuitiva, para realizar un oficio que realmente me apasiona y para el que me formé cuando estudié la carrera de Historia del Arte, que me hace conectar con gente que ama y sueña, que ven la vida no como una simple rutina, que miran la existencia de manera diferente, que pretenden llenarla de colores y de fuerza con un pincel o un cincel, con un trozo de textil, con una cámara de video o una computadora, que convierten cada cosa intrascendente en un milagro, en un nuevo universo en los que tienen el privilegio de las madres y de los dioses, gestar nuevos seres, crear otros mundos.

Dhimas-1 / TECLALIBRE MULTIMEDIOS

Ese convite de Dhimas a escribir, a expresar mis ideas sobre su obra artística, marcó con antelación el comienzo de Philartis R.D., la empresa que mi esposo Marcos y yo creamos en el 2020 para promover la educación, el arte y la cultura. A ese provocador, artista del fuego, de ojos y plantas mecidas por la brisa huracanada, solo me queda decirle desde este plano: “me indicaste el camino”.

Dhimas se ha marchó a destiempo. En la tarde del pasado jueves 7 de enero, se retiró inesperadamente de este espacio para alcanzar otras esencias. Nos deja un hueco donde el aliento de su genio bohemio aún flota, sentimos que es imposible que ya no esté entre nosotros ese personaje de camisa amarilla, que se sentó a mi lado en un sofá del Centro Mirador el pasado 10 de noviembre de 2021, día en el que nuestro mutuo amigo Aquiles Azar Billini inauguró su exposición “Azar por 2: Conversando con mi padre”.

¿Quién fue y es el arquitecto y artista visual Dhimas Santos? Fue el joven egresado del Colegio San José de Calasanz, es el arquitecto de exuberantes diseños graduado en la UASD, es el artista que estudió en Altos de Chavón, que conocía sobre música y pendolismo, que estudió grabado con Rosa Tavares, talla en madera en Bolivia, arenado en vidrio en Nueva York y orfebrería en Ecuador.

Fue uno de los tres participantes en la colectiva “Universos Paralelos,” en la Galería Bodden, junto a José Ignacio Azar Billini y Mariojosé Ángeles, el 3 de abril del 2014. Es el creador que estuvo también en “Hecho aquí”, en colectivas internacionales y en diferentes exposiciones individuales.

Fue el hombre que utilizaba la deformación expresionista, capaz de elaborar desde una miniatura con exquisito manejo de la línea y el color, hasta una obra de grandes dimensiones, el que se movía a sus anchas entre la tinta china y el acrílico, sobre el lienzo y el papel, cabalgando sobre las palmeras, danzando con desnudos semi abstractos, dibujando flores estilizadas y círculos concéntricos.
Fue aquel que en cada matiz, trazo o textura izaba su bandera para decir acá estoy, esto siento, este soy.

Fue y es ese importuno que hablaba sin parar, el que usaba bolígrafos de colores para sustituir sus cansados pinceles, el de las formas llenas de vida en las que se entreveía el misterio de la muerte, el que me mandó el 5 de noviembre su poema “Pechos Morenos” y el 8 de diciembre del 2021 una foto de una de sus últimas obras, en cuya superficie todo era rojo, negro y amarillo y en la cual, desde su fondo, un rostro con los ojos cerrados me observaba más allá de lo evidente.

Gracias por todo, Dhimas Santos.

Nos dejas tu arte que es tu raíz, tu forma de trascender y pervivir. Donde quiera que estés, sigue construyendo realidades infinitas, sigue con tu chorreado mágico, sigue con tus luces y tus sombras, tus explosiones de pigmentos y de energías cataclísmicas.

Sigue soñando, amigo, que “La vida es sueño”.

La autora, M.A.Crítica e Historiadora del Arte